Chile ante la tentación de la izquierda mágica

Hay un punto débil en los procesos de desarrollo nacional y es la ausencia, o poca efectividad, del diálogo intergeneracional. El olvido de las carencias propias del pasado y la opacidad discursiva sobre lo relevante de las conquistas alcanzadas despiertan reacciones disruptivas que, pese a las evidencias de progreso, pretenden redibujar el mundo bajo la premisa de que nada funciona.

Chile en tres décadas pasó de ser uno de los países más pobres de la región a convertirse en referencia de progreso y estabilidad. Redujo sus niveles de pobreza de 68% a 11,7%, aumentó en 145% los ingresos del 10% de su gente más pobre, quintuplicó su matrícula universitaria  y hoy presume con ser el país de la OCDE con mayor movilidad social. Todos, signos incuestionables de que hace 30 años, contrariando la dirección de la región, se tomó el camino correcto, al apostar por la fórmula de un Estado subsidiario y una economía de libre mercado.

Su presente no es perfecto, las quejas de la ciudadanía, enardecidas durantes los últimos días de octubre, tienen fundamentos, son síntomas de una realidad que no está respondiento al nivel de expectativas de gran parte de la sociedad: pensiones dignas, salarios más altos, mayor justicia social. Demandas que la izquierda mágica tomó de la manera más irresponsable para movilizar a la sociedad hacia la destrucción del sistema que tanto les ha hecho avanzar.

Es cierto que la fórmula funcionó, como lo es también que el Chile de hoy no es el mismo de hace 30 años. Las nuevas demandas ameritan reajustes en el sistema, pero debe entenderse que todo diálogo y plan para responder a las expectativas de la gente requiere partir desde el respeto a los mínimos que garantizaron el desarrollo chileno.Es fácil caer en la tentación de la refundación, del hombre nuevo, de creer que en Chile nada funciona y que se debe volver a comenzar, que todo lo que se ha hecho ha sido solo en beneficio de unos pocos.

Esta nueva izquierda, encabezada por el Partido Comunista y el Frente Amplio, pretende capitalizar el descontento ofreciendo las mismas recetas que solo han llevado a muchos países, como el mío, a los peores estados de miseria.

La tarea para la clase política responsable de este país es escuchar las demandas y responder, pero sin caer en la trampa de la popularidad. Deben tomarse las medidas necesarias para que Chile sea cada vez más prospero y para que esa prosperidad la sienta suya un mayor número de chilenos. Todo esto siendo enfáticos en que en Chile no se tiene que inventar la rueda, porque el progreso ha sido innegable pese a la miopía ideológica de esta izquierda de viejos trucos.

Manuel Roa